El legado de las profecías Maya
Por ENPLENITUD.COM|
En el último milenio, una gran civilización de científicos, artistas y
guerreros, y más de 12 millones de fuertes personas, abandonaron
precipitadamente su mundo. Eran los Mayas, gente con una gran visión, cuyas
ciudades y templos se encuentran a lo largo de la Península de Yucatan, pero
tragados por la tierra. Sus grandes centros cívicos, templos de adoración, casas
y asentamientos, se encuentran enterrados junto a grandes obras de arte,
cerámicas y arados. Uno de los mayores logros, que coronó su avanzada
civilización, es el calendario Maya. Aún hoy este calendario es un rompecabezas
para los eruditos modernos, pero puede también servirnos como una advertencia
con respecto a la destrucción de nuestra propia civilización. Los Mayas contaban los días según dos calendarios, uno de un año "vago" de
365 días y otro de un ciclo más corto de 260 días. Cada día tenía dos nombres,
uno según cada calendario, de modo que la misma combinación de nombres no se
repitiera por 52 años. Cuando uno de estos 52 períodos de año acabaran, saldrían
de sus ciudades e irían a las colinas circundantes y mirarían ansiosamente las
estrellas. El signo que buscaban era el grupo de estrellas de las Pléyades. El
aspecto de estas estrellas significaba que los cielos no habían parado dar
vuelta, y que nuevamente se levantaría el sol. Así, celebraron el nacimiento del
nuevo 'siglo' con una gran fiesta y muchos fuegos, simbolizando el renacimiento
del mundo. Pero afortunadamente, no todos los españoles tuvieron esa actitud frente a
los Mayas. Algunos de ellos, como Bernadino Sahagun, se hicieron amigos de los
nativos y procuraron registrar para la posteridad todas sus creencia, ideas, y
tradicionales. Además, algunos libros y reliquias preciadas de los Mayas
sobrevivieron a la destrucción, siendo ocultadas por los mismos Mayas o
exportadas a Europa como presentes para la Corona Española. El más importante de
éstos era un libro llamado el Dresden Codex, denominado así después de ser
encontrado en una biblioteca semi destruida. Este extraño libro, lleno de
jeroglíficos, fue escrito por Mayas indios. En 1986, Maurice Cotterell llevó adelante una revolucionaria teoría referente
a los ciclos de la astrología y del sol. Esto se debía a que durante varios años
sospechó que el campo magnético del sol tenía consecuencia para la vida en la
tierra. Y al estudiar Dresden Codex, descubrió que el calendario Maya no era
nada arbitrario, sino basado en el conocimiento del sistema solar. Esto explicó
la obsesión Maya por concentrarse en los largos ciclos del tiempo y su creencia
en la subida y caída de las cuatro edades anteriores del hombre. Al mirar el calendario, se puede observar que los Mayas podrían no solo ver
en qué día o año estaban, sino también todo lo referente al período de 20 años
en el cual se encontraban, y el que debía venir. Así, se podía haber previsto el
mismo final de la civilización Maya, ya que en cierta forma se podría ver al
derrumbamiento Maya como un simple proceso del paso del tiempo. En otras
palabras, ellos previeron que el proceso de destrucción iba a ser un importante
problema al que no podrían sobrevivir, y fue también por ello que no esforzaron
demasiado en hacerlo. Los Mayas creían que el mundo había sido destruido cuatro veces antes.
Primero por el agua, segundo por el viento y tercero por los cambios del fuego y
de la tierra. Creyeron que al final de cada etapa había una época de caos, y
entonces un período de reconstrucción, al tiempo que una nueva etapa comenzaba.
Sin embargo, si creemos en esta lógica Maya, el año 2012, sería la quinta y
final etapa del hombre. Es decir que nuestros días estarían contados. Los expertos, nos sugieren aprender de los Mayas, para que la historia no se
repita. Los Mayas vivían en el borde ecológico, ya que explotaban
indiscriminadamente su medio ambiente y tenían una enorme base de población.
Todo lo que faltaba para que el sistema entero desapareciera, era un
desequilibrio repentino, como fue la invasión colonial. Ahora, cualquier guerra
que se desate, junto con el tiempo en que vivimos, podría ser una peligrosa
combinación que podría conducir a una declinación rápida y al derrumbamiento de
la civilización. |